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    02/11/2005

    Día de muertos

    Decían los antiguos que cuando morían, los hombres no perecían, sino que de nuevo comenzaban a vivir, casi despertando de un sueño, y se volvían en espíritus o dioses... Y cuando alguno se moría, de él solían decir que ya era téotl.

    Este día se celebra en mi país la tradición del Día de Muertos, la celebración que a mí más me gusta por todo el misticismo y bagaje cultural que conlleva. Es una fiesta tan arraigada en mi pueblo que es inherente a nuestra identidad mexicana. La muerte forma parte de la vida cotidiana del mexicano, así encontramos que los nombres de algunos panteones, distan mucho de tener un significado mortuorio: "Jardín florido", "Jardines del recuerdo", "Jardín", "Dolores", etc., y por el contrario se puede vivir en la Calzada del Hueso o en la Barranca del Muerto.

    Para las culturas prehispánicas, la muerte era un acontecimiento natural antagónico y complementario de la vida, ligados entre sí, para conformar un todo. Al Mictlan se dirigían los difuntos de muerte natural, al Tlalocan, aquellos que morían por motivos ligados al agua y los guerreros fallecidos en batalla, para los sacrificados y mujeres que perdían la vida durante el parto, su destino era el Tonacalli.

    Uno de los resultados de la conquista y colonización española con relación al concepto que los antiguos mexicanos tenían de la muerte, fue la transformación de este acto natural en un suceso doloroso que infundía miedo. El mexicano para disfrazar su temor a la muerte se mofa de ella y traduce ese miedo en la creación de versos chuscos llamados calaveras, en los que ridiculizan a parientes, amigos, políticos, etc., y además se 'come' a la muerte representada en las calaveras de azúcar. Las calaveritas surgieron a finales del siglo diecinueve.

    El primero de noviembre, día de todos los santos, está dedicado a la llegada de los pequeños, es decir, a las ánimas de los niños. El dos de noviembre, día de los fieles difuntos, corresponde a la llegada de los grandes.

    Se celebra principalmente poniendo altares en las casas para los seres queridos de la familia: parientes, amigos,etc. Con el tiempo se fueron incorporando más tradiciones a esta festividad tales como visitar el cementerio y comer sobre la tumba, acompañados por el alma de su difunto. Llevarles flores y limpiar la tumba. También algunas veces, la familia lleva algún mariachi. El hacer calaveritas para los seres queridos, o regalarles pequeños cráneos de azúcar con su nombre es parte de la tradición que sigue viva.

    En Mixquic, en la delegación de Tláhuac del D.F., y en Janitzio, Michoacán, estas celebraciones tradicionales tienen un fuerte arraigo popular y atraen un gran número de turistas. En algunos lugares de México se acostumbra hacer caminillos con pétalos de cempoalxóchitl, desde la tumba hasta la casa del difunto, con el fin de que encuentre el camino y no se pierda.

    Orígenes 

    El origen del llamado día de muertos es incierto. Según algunos estudiosos, se remonta hasta el año 800 a.c. en el llamado Festival de muertos, celebrado entre los aztecas durante los meses de julio y agosto. Se dice que durante esa fiesta, los aztecas celebraban el final de la cosecha de maíz, frijol, garbanzo y calabaza, que formaban parte de la ofrenda a la diosa Mictecacihuatl. Esta Diosa, reina de Chinahmictlan era la guardiana del noveno nivel del infierno, llamado Mictlan. La tradición del festival se mezcla con la costumbre prehispánica de enterrar a los muertos con objetos, comida y ofrendas para su viaje a la otra vida.

    La tradición nace de la creencia que al morir, las personas pasan al reino de Mictlán, donde tienen que estar un tiempo para después ir al cielo o Tlalocan. Para el viaje, nuestros seres queridos necesitan comida y agua para el camino; veladoras para alumbrarse; monedas, para pagar al balsero que los cruza por el río, antes de llegar a Mictlán y un palo espinoso para ahuyentar al diablo. Al llegar los españoles, estas creencias fueron adaptadas al calendario cristiano y se celebran el 1 y 2 de Noviembre. El primero se celebra el Día de Todos los Santos, dedicado a los niños y el 2 al resto de las personas queridas, siendo estos los únicos días en que las almas tienen permiso para regresar a visitar a sus seres queridos. En algunas regiones se cree que el 28 de octubre bajan los muertos por accidente y el 30 aquellos que están el limbo por no haber sido bautizados; sin embargo estas creencias no son generalizadas.

    Las ofrendas 

    Parte importante de esta tradición son las ofrendas de muerto, que se colocan en todo tipo de lugares, en cada casa, en las oficinas, en las escuelas, en plazas públicas, etc. Afortunadamente esta manifestación cultural ha sido ampliamente difundida de unos años para acá. Las ofrendas tienen por objeto la obligación de los vivos de recibir y atender a las ánimas en su regreso anual al hogar y ofrecerles lo que en el más allá, les está vedado.

    Hay altares para todos los gustos, y de todos tamaños. Se arman altares de 7 escalones; otros son sólo de dos, los cuales representan el cielo y la tierra y, otros son de tres, que según la cultura significan el Cielo - los adornos que están sobres la mesa-, la Tierra -la mesa- y el Inframundo -debajo de la mesa-.

    Esta tradición cambia de acuerdo a la situación geográfica.Los elementos fundamentales de una ofrenda son: fuego, aire, tierra y agua, representados, respectivamente, por las velas y veladoras, el papel picado, las flores y los frutos y los vasos con agua. La luz de las velas y veladoras, según la tradición, sirve para guiar el camino de las ánimas en su regreso al hogar, motivo por el cual se acostumbra poner una vela por cada difunto.

    El tres de noviembre es el "levantamiento de la ofrenda", bajo el supuesto de que los difuntos ya han disfrutado la esencia de lo ofrendado, dejando en posibilidad a parientes y amigos de repartirse y disfrutar lo que dejaron los muertos.

    Y como cada año, en la Universidad se instalan las ofrendas y se realizan diversas actividades culturales referentes a la visita de los no vivos. Aquí incluyo algunas imágenes, el resto están en el álbum de fotografías.

    Ofrenda en la Facultad de Ciencias

    Megaofrenda en Las Islas
    L Aniversario "Pedro Páramo"


    La invasión de las brujas 

    A pesar de que el día de muertos es una bella y rica manifestación de nuestra cultura mexicana, siendo una celebración única en el mundo por sus características excepcionales y de una larga tradición de siglos, por ignorancia y por influencia de nuestros indeseables vecinos del norte, suele cometerse el error de mezclarla con la tradición extranjera del halloween (jalouín) que tiene lugar el 31 de octubre. En los últimos años, por fuerza de la mundialización, tradiciones heredadas de esta antiquísima fiesta de origen celta se están extendiendo tan rápidamente en los países hispanohablantes.

    A pesar de compartir con el día de muertos la influencia del cristianismo, los orígenes de dicha fiesta no pueden ser más ajenos a nuestra idiosincracia. En la Antigüedad, en Bretaña, Escocia e Irlanda, se festejaba la fiesta de Samhain el 31 de octubre, último día del año en los antiguos calendarios celtas y anglosajones. En esas ocasiones, se encendían grandes hogueras en lo alto de las colinas para ahuyentar a los malos espíritus y se creía que las almas de los muertos visitaban sus antiguas casas, acompañadas de brujas y espíritus.

    Similarmente a como sucedió con las tradiciones prehispánicas que rendían culto a la muerte, con la llegada del cristianismo, se estableció el primero de noviembre como Día de Todos los Santos y el 31 de octubre pasó a llamarse en inglés "All Saints’ eve" (víspera del Día de Todos los Santos) o también "All Hallow's eve", de donde derivó "halloween". "Hallow" es palabra del inglés antiguo que significa santo o sagrado y que proviene del germánico "khailag".

    Muchas de las tradiciones de halloween se convirtieron en juegos infantiles que los inmigrantes irlandeses llevaron en el siglo XIX a E.U.A. y desde allí se han extendido en las últimas décadas por el mundo hispánico. Desafortunadamente, debido a la costumbre gringa de banalizar las tradiciones de sus inmigrantes antes de integrarlas a su "cultura", la influencia del halloween gringo en lugar de enriquecer la tradición del día de muertos lo que hace es desvirtuarla.

    En conclusión, contrastando con la trascendencia de la muy americana tradición del día de muertos, la fiesta de halloween con origen europeo y banalizada por los intrusos del norte que no son americanos, es una de las tantas modas consumistas banales y vacuas que acceden a nuestra sociedad gracias a la incultura de las clases altas y medias altas de nuestra sociedad. Para muestra, un botón, mientras que en el día de muertos se hace una ofrenda a los muertos, se les da la bienvenida y a su partida se comparte con los allegados las delicias ofrendadas, en el halloween gringo se teme a criaturas fantásticas y se conmina a los niños a limosnear golosinas, haciendo coerción para conseguirlas.

    ¡Muerte al halloween gringo!

    La leyenda del Callejón del Aguacate

    En estas fechas suelen recordarse leyendas que tienen que ver con espantos y ánimas en pena. Bien, pues aquí en Coyoacán desde hace varios años se comenta la leyenda del Callejón del Aguacate. Hasta donde sé, ésta es una leyenda urbana que no tiene orígenes prehispánicos ni coloniales como otras tantas que hay en esta gran ciudad. De hecho, la historia de la leyenda es incierta, no hay ningún registro escrito de la misma y sólo se transmite por tradición oral, dando pie así a múltiples versiones contradictorias, ni siquiera los habitantes del lugar tienen idea de dónde salió el mito.

    Yo creo que la historia tuvo sus orígenes en alguna de las múltiples escuelas que hay en la zona, entre ellas la Preparatoria No. 6 en donde cursé mi bachillerato. Cabe decir, sin embargo, que el lugar se presta para este tipo de leyendas de terror, es un callejón muy largo y muy estrecho, y anteriormente tenía muy escasa iluminación por las noches, lo cual hacía su recorrido verdaderamente tenebroso, ya que no hay para donde correr en caso de ser necesario, je je. El estilo colonial del centro de Coyoacán colabora para dar una atmósfera legendaria.

    No sabría decir a ciencia cierta cuál es la historia que se atribuye al Callejón, sólo sé que de acuerdo a la tradición almas en pena se aparecen a los transeuntes nocturnos solitarios, y cada año son tradicionales las excursiones nocturnas hacia el lugar por parte de los estudiantes de la Prepa y otras escuelas aledañas, lo cual también ha provocado conflictos con los vecinos.

    Si algún visitante de por aquí tiene información al respecto y quiere compartirla, agradecería mucho que hicieran comentarios al respecto. O si quieren contar alguna leyenda del lugar donde viven, sería muy interesante conocerla. Saludos macabros...

    Aquí están algunas fotos del Callejón, el resto están en el álbum de fotografías. Las tomé de día para que pudieran apreciar los detalles, no es que me diera miedo ir en la noche ¿eh? je je.

    24/09/2005

    150 años del Himno Nacional

    El sesquicentenario del Himno Nacional ha dado lugar a varias discusiones y aclaraciones históricas. No suele recordarse que el potosino Francisco González Bocanegra, quien triunfó con su letra por encima de otros 23 concursantes, el 5 de febrero de 1853, escribió los versos bajo una pintoresca presión: Guadalupe González del Pino, compañera y musa a quien el poeta bautizó líricamente como Elisa, se dio cuenta de que a su amado le faltaba decisión para la empresa. Con admirable discreción y fina maña, logró encerrarlo con llave en un cuarto de la casa, hasta que el prisionero pudo deslizar por abajo de la puerta las cuartillas con los 84 versos decasílabos completos. Se sabe que el encuentro de esta letra con la partitura de Jaime Nunó, vino a cumplirse hasta después de que el himno se cantó en el Teatro Oriente, musicalizado por Juan Bottesini.

    Por lo que hace al músico geronés Jaime Nunó, también menudean historias de toda laya, y se le hacen cargos por haber vendido el Himno a un editor que sigue cobrando regalías cada vez que se toca. No vale ya insistir en torno al viaje de Nunó desde Cuba con Santa Anna, pero en cambio se puede recordar que en 1901, cuando el compositor radicaba ya en Estados Unidos, recibió una invitación del presidente Díaz para venir a nuestro país. Objeto de varios homenajes, en el momento de regresar a su casa, sufrió tal nostalgia que no pudo irse sin escribir un bello vals llamado Adiós a México.

    En mi humilde opinión se trata de una gran obra, y me parece triste saber que muy poca gente conoce al menos la versión oficial completa, que ya es menos de la mitad de la versión original. O algo peor, lo repiten sin entender la mitad de lo que dice, al grado de distorcionar la letra de forma infame.

    Versión Oficial del Himno Nacional Mexicano

    [Coro]
    Mexicanos, al grito de guerra
    el acero aprestad y el bridón,
    y retiemble en sus centros la tierra
    al sonoro rugir del cañón.

    I
    Ciña ¡oh Patria! tus sienes de oliva
    de la paz el arcángel divino,
    que en el cielo tu eterno destino,
    por el dedo de Dios se escribió.

    Mas si osare un extraño enemigo,
    profanar con su planta tu suelo,
    piensa ¡oh Patria querida! que el cielo
    un soldado en cada hijo te dio.

    V
    ¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
    de la patria manchar los blasones!
    ¡Guerra, guerra! Los patrios pendones
    en las olas de sangre empapad.

    ¡Guerra, guerra! En el monte, en el valle
    los cañones horrísonos truenen,
    y los ecos sonoros resuenen
    con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!

    VI
    Antes, patria, que inermes tus hijos
    bajo el yugo su cuello dobleguen,
    tus campiñas con sangre se rieguen,
    sobre sangre se estampe su pie.

    Y tus templos, palacios y torres
    se derrumben con hórrido estruendo,
    y sus ruinas existan diciendo:
    de mil héroes la Patria aquí fue.

    X
    ¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
    exhalar en tus aras su aliento,
    si el clarín con su bélico acento,
    los convoca a lidiar con valor.

    ¡Para ti las guirnaldas de oliva!
    ¡Un recuerdo para ellos de gloria!
    ¡Un laurel para ti de victoria!
    ¡Un sepulcro para ellos de honor!

    En 1943 el Himno Nacional Mexicano se hizo oficial a través del Diario Oficial de la Federación, y en 1984 se publicó la Ley sobre la Bandera, el Escudo e Himno Nacionales donde se especifica el uso y características de los Símbolos Patrios. En esta ley se establece la versión oficial del Himno Nacional Mexicano y consiste del coro y las estrofas I, V, VI y X de la versión original compuesta por González Bocanegra.

    Habitualmente, la versión oficial se canta completa únicamente en competencias escolares de canto. En actos oficiales usualmente se cantan el coro y las estrofas I y IV de la versión oficial. En actos culturales, deportivos y otras instancias suele cantarse sólamente el coro, la estrofa I y nuevamente el coro. La versión original del himno no es cantada hoy en día.

    El himno es cantado en el orden: Coro, estrofa I, coro, estrofa II, ... etc., siempre terminando con el coro. Al cantar el coro, se repiten los versos tercero y cuarto. Al cantar cada estrofa, se repite el último verso de la misma.

    Vesión original del Himno Nacional Mexicano

    [Coro]

    I

    II
    En sangrientos combates los viste
    por tu amor palpitando sus senos,
    arrostrar la metralla serenos,
    y la muerte o la gloria buscar.

    Si el recuerdo de antiguas hazañas
    de tus hijos inflama la mente,
    los laureles del triunfo, tu frente
    volverán inmortales a ornar.

    III
    Como al golpe del rayo la encina
    se derrumba hasta el hondo torrente,
    la discordia vencida, impotente,
    a los pies del arcángel cayó.

    Ya no más de tus hijos la sangre
    se derrame en contienda de hermanos
    sólo encuentra el acero en tus manos
    quien tu nombre sagrado insultó.

    V

    VI

    VIII
    Vuelva altivo a los patrios hogares
    el guerrero a contar su victoria,
    ostentando las palmas de gloria
    que supiera en la lid conquistar.

    Tornáranse sus lauros sangrientos
    en guirnaldas de mirtos y rosas,
    que el amor de las hijas y esposas
    también sabe a los bravos premiar.

    IX
    Y el que al golpe de ardiente metralla
    de la patria en las aras sucumba,
    obtendrá en recompensa una tumba
    donde brille de gloria la luz.

    Y de Iguala la enseña querida
    a su espada sangrienta enlazada,
    de laurel inmortal coronada,
    formará de su fosa la cruz.

    X

    La letra original del himno consta de diez estrofas en octavas italianas con versos decasílabos y agudos en cuarto y octavo lugar, y la cuarteta del coro, con agudos en segundo y cuarto. No obstante las alusiones al general Santa Anna, en la cuarta estrofa (no reconocida), a quien llama "guerrero inmortal de Zempoala" y en la séptima (no reconocida) al discutido Iturbide, cosa que fue criticada en el himno y dejaron de cantarse desde el triunfo del Plan de Ayutla, se ha concluido a través de los años que el poeta se inspiró en un hondo amor a la patria y supo concretar el sentimiento popular.

    El juicio negativo hacia Santa Anna recae en el hecho de que el gobierno de éste se convirtió en una dictadura; el presidente suprimió los derechos y las libertades individuales, e impuso su voluntad personal. Vendió a los Estados Unidos el territorio de La Mesilla, cobró impuestos sobre coches, ventanas y perros y, finalmente, hizo que lo llamaran Alteza Serenísima. Con todo eso, el descontento se generalizó.

    El descontento con Iturbide tiene origen en el hecho de que se haya proclamado emperador de México una vez consumada la independencia y al desconocer España los tratados de Córdoba.  Motivo por el cual fue combatido por el mismo Santa Anna y por el cual fue condenado al destierro.

    Parte no reconocida del Himno Nacional Mexicano

    IV
    Del guerrero inmortal de Zempoala
    te defienda la espada terrible,
    y sostiene su brazo invencible
    tu sagrado pendón tricolor.

    El será el feliz mexicano
    en la paz y en la guerra el caudillo,
    porque él supo sus armas de brillo
    circundar en los campos de honor.

    VII
    Si a la lid contra hueste enemiga
    nos convoca la trompa guerrera,
    de Iturbide la sacra bandera
    ¡Mexicanos! valientes seguid.

    Y a los fieros bridones les sirvan
    las vencidas enseñas de alfombra;
    los laureles del triunfo den sombra
    a la frente del bravo adalid.

    ¿Quién puede responder estas preguntas? 

    • ¿Qué tan usual es que el Himno se toque en una sala de conciertos como parte oficial del programa?

    • ¿Cuántos mexicanos conocen los complicados y extraños lineamientos que la Secretaría de Gobernación ha instituido para el correcto uso del Himno?

    • ¿A quién se le habrá ocurrido que es una buena idea hacer sonar el Himno al inicio y al final de las transmisiones de las estaciones de radio y televisión?

    • ¿Cuándo se inició la rara costumbre de tocar el Himno simultáneamente con el toque militar de honores a la bandera, sobre todo en presencia del presidente de la República, con la cacofonía resultante

    • ¿Cuántos mexicanos saben que la música del Himno Nacional fue escrita por un compositor catalán? Y entre quienes lo saben, ¿a cuántos les duele en lo más profundo de su patriótica alma?

    • ¿Será cierto que los derechos de autor le pertenecen a una empresa estadounidense llamada Wagner Lieven, a la cual se le tiene que pagar cada vez que es interpretado fuera del territorio nacional?

    El mayor mito 

    Existe un mito muy difundido en nustro país según el cual habríase realizado en el pasado un concurso de himnos nacionales, en el cual, nuestro himno habría ganado el segundo lugar sólo atrás de La Marsellesa, el himno nacional de Francia. Es una de las leyendas urbanas más osadas que existen, y es tal su extensión, que en muchos países de latinoamérica existe el mismo mito sobre sus respectivos himnos nacionales. En Guatemala, Colombia, Bolivia entre otros países existe el mismo mito, en Chile van más allá y ahí se dice que su bandera es reconocida internacionalmente como la más bella del mundo (!).

    Finalmente a cada uno le parece que su himno es el más bello, y aunque no sea cierto lo del concurso, para mí nuestro himno es el mejor del mundo.

    Un Himno con detractores 

    No todos simpatizan con el actual Himno Nacional, se ha argumentado que a Juárez el Himno no le gustaba por que lo había mandado fabricar Santa Anna -el malo de la película- a su medida en 1854. Que la convocatoria al concurso la hizo su gran amigo Lerdo de Tejada, que calificaron el concurso sus cuates, y que ganaron el concurso sus empleados.

    Además, el Himno ha sufrido varias modificaciones a lo largo de la historia, para adecuarse a las condiciones políticas imperantes, aunque siempre ha vuelto a su versión original, la única modificación permanente ha sido la supresión de dos estrofas por hacer referencia a dos personajes históricos considerados traidores.

    El ataque más reciente y que padece actualmente el Himno proviene de algunas voces que argumentan que nuestro Himno es demasiado "belicoso" y que "no corresponde a nuestros tiempos". En lo personal me parece totalmente ridículo; ciertamente el Himno es bélico, pero no podría ser de otra forma, habla de defender la patria contra posibles invasores. Además, nunca habla de dominar al mundo ni invadir otras tierras.

    Como sea, dudo que esa campaña prospere, que el Himno cambie es imposible, creo. Con todo y pese a todo, es gracias a la fuerza propia y al arraigo que entre los mexicanos tiene este Himno, que ha podido y seguirá resistiendo ataques de toda índole. ¡Larga vida, entonces, al Himno Nacional!

    17/09/2005

    ¡Viva México!

    Así es, mi país está pletórico de problemas y defectos, sin embargo es mi tierra y no lo cambio por nada. Ser mexicano es para mí un motivo de orgullo. Con mucha frecuencia no se valoran cosas muy importantes que nuestros antepasados han conseguido en el transcurso de la historia, tan sólo por el hecho de que en la actualidad son cosas cotidianas. Una de estas valiosas conquistas es la independencia del país. Por eso año con año me uno a la celebración de la independencia y al grito de ¡Viva México Cab...!

    Breve historia de la independencia 

    Entre 1800 y 1810 se vivía en México un ambiente de descontento y desigualdad social entre criollos, españoles e indígenas. A finales de la década, Napoleón había ocupado España y el ambiente del otro lado del océano era propicio para que México buscara su independencia. La víspera al gran día, y habiéndose descubierto los planes de insurrección, se lanzó el legendario grito de Dolores y la lucha independentista comenzó el 16 de septiembre de 1810, cuando -influidos por los enciclopedistas franceses- el cura Miguel Hidalgo, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, su esposo, el corregidor Don Miguel Domínguez, entre otros insurgentes, se levantaron en armas para liberar a México de la Corona Española. Entonces criollos e indígenas, tras alzarse en armas contra el imperio español y los 'europeos', obtendrían su independencia como 'mexicanos', luego de una prolongada y devastadora revolución popular que terminó en agosto de 1821, cuando España, por medio de los Tratados de Córdoba -firmados en Córdoba, Veracruz- tuvo que reconocer nuestra independencia, luego de tres siglos de férreo dominio: 1521-1821. Sin embargo, poco más tarde el reino español desconoció el convenio de Córdoba y un motín popular así como fuerzas militares se levantaron e impulsaron la propuesta de que Iturbide asumiera como Emperador. Así se hizo, y fue coronado en la Catedral de México, como Agustín I. Pero dos años después, Iturbide fue fusilado y el fervor del pueblo por una patria democrática comenzó a hacer efervescencia. Así fue como en octubre de 1822 se estableció la República Mexicana, respaldada por una Constitución Federal.

    Además, de esta lucha también se desprendió la independencia de centroamérica, lo que ahora es Honduras, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Panamá (creado después para hacer el canal) y Nicaragua; esta región siguió el ejemplo mexicano y logró liberarse también. Cabe señalar que el dominio español abarcaba entonces más de cuatro millones quinientos mil kilómetros cuadrados, casi desde la actual frontera entre Estados Unidos y Canadá por el norte, hasta la antigua Gran Colombia, por el sur.

    Septiembre, el mes patrio en México 

    El mes de septiembre es considerado aquí en México como el mes de la patria, puesto que en él coinciden varios importantes acontecimientos ligados a la lucha por la libertad y la soberanía del país, a saber:

    • 13 de septiembre de 1846. La heroica defensa del Castillo de Chapultepec por los 'Niños Héroes'.

    • 15 de septiembre de 1810. El 'grito' de independencia que incitó a la rebelión.

    • 16 de septiembre de 1810. El inicio formal de la lucha por la independencia de la nación.

    • 27 de septiembre de 1821. La consumación de la independencia.

    • 30 de septiembre de 1765. El natalicio del prócer independentista José María Morelos y Pavón.

    La fiesta nacional

    Todos los 15 de septiembre por la noche se lleva a cabo la ceremonia del 'Grito', cuyo objetivo es preservar el recuerdo del día en que se inició el movimiento libertario y el reconocimiento a sus iniciadores. La realización del grito en la noche del 15 de septiembre empezó a registrarse a mediados del siglo XIX, aunque la primera vez que se celebró fue el 16 de septiembre de 1812, es decir, cuando aún se estaba en plena lucha: en Huichapan, don Ignacio López Rayón, celebró esta fecha tan importante, acto que registró en su Diario de operaciones militares.

    Los vendedores de banderitas y festones tricolores, retratos de los héroes de la independencia, sombreros, escudos y toda clase de productos que implícitamente nos recuerdan las gestas de septiembre, se sitúan en las esquinas de las calles, en los mercados, en las estaciones del metro, en los parques públicos de la ciudad de México y con ello, aparecen los primeros indicios de la conmemoración del Mes de la Patria.

    Las puertas y ventanas de las casas, lo mismo que los vehículos que corren por la ciudad, son decorados con motivos mexicanos, básicamente con banderas y festones tricolores. La ciudad se ilumina con millares de luces, también tricolores y en el zócalo y las plazoletas de las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal, en paneles luminosos, destacan los rostros de los héroes de la independencia, los símbolos patrios o la campana de Dolores, invitando a la conmemoración patriótica.

    En Chapultepec, el zócalo y sus alrededores, a temprana hora se comienzan a colocar los puestos de vendimias, tanto de antojitos como de artesanías sin faltar las espadas de madera, los cascos militares hechos de cartón, los silbatos, los espantasuegras, los huevos de confeti, los de harina y las matracas, como un preludio de la fiesta de colores que se dará en la noche.

    Desde hace algunos años la ceremonia del grito se realiza en todas las delegaciones del Distrito Federal, como una réplica de lo que acontece en el zócalo, aunque es en éste último donde la gente se agolpa con el fin de participar en la fiesta popular más importante de nuestro país. El zócalo, con su enorme plancha de cemento, permite la reunión multitudinaria de los mexicanos, quienes en medio de la algarabía, disfrutan la música del mariachi o de algún grupo vernáculo. La muchedumbre participa de la fiesta popular, a la alegría generalizada que provoca la música, se suman el agudo sonido de los silbatos, la sorpresa que ocasionan los espantasuegras cuando intempestivamente rozan los rostros o bien, cuando los huevos de confeti o de harina, son rotos en las cabezas de los paseantes, entre gritos y risas.

    El gran momento llega cuando el reloj de la Catedral Metropolitana marca las once de la noche, cuando las campanas tocan a vuelo y en el balcón presidencial del Palacio Nacional, sale, empuñando la enseña nacional, el Presidente de la República. Las notas del Himno Nacional se dejan escuchar y miles de voces lo entonan para después oír las frases tradicionales en labios del Presidente: ¡Viva México! ¡Viva nuestra Independencia! ¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!, los cuales son nombrados y a una sola voz, la muchedumbre vitorea las mismas frases. El presidente de la República, desde el balcón presidencial, tremola el lábaro patrio para después hacer repiquetear la campana que en 1810 tañera don Miguel Hidalgo, en tanto que en el zócalo estalla una sinfonía de luces y colores con los juegos pirotécnicos que representan las efigies de los próceres de la independencia, mientras la alegría popular se desborda.

    El 16 de septiembre tiene lugar un magno desfile militar en el cual intervienen las fuerzas armadas, el Heroico Colegio Militar así como otras escuelas militarizadas, cerrando dicho evento asociaciones charras y los bomberos, ante el entusiasmo de la gente que se apretuja desde el zócalo hasta Chapultepec, pasando por Reforma, para observar el paso de los contingentes. Las calles que constituyen el paso obligatorio del desfile, igualmente se llena de vendedores, particularmente los de periscopios artesanales que compran aquellas personas que no alcanzaron un buen lugar de observación, así como de alquiladores de sillas y bancos.

    Gran número de familias que prefieren quedarse la noche del 15 en sus hogares a festejar las fiestas patrias, viendo por T.V. el evento del zócalo, preparan exquisitos platillos mexicanos entre los que destacan el pozole (¡mi favorito!) y los chiles en nogada. Los chiles en nogada son un platillo típico del estado de Puebla, cuyo origen se remonta al paso de Iturbide por esta ciudad, después de su triunfal entrada con el Ejército Trigarante a la capital el 27 de septiembre de 1821, fecha que curiosamente coincide con el cumpleaños del que sería futuro emperador de México, motivo por el cual le fue ofrecido un banquete. Este platillo fue confeccionado por las monjas agustinas del convento de Sta. Mónica y en él, se pueden apreciar los tres colores de la bandera: el verde quedó representado por el chile poblano, el blanco por la salsa de nuez de castilla tierna y el rojo, por los granos de la granada.

    Esta fiesta tradicional de México, no solamente se celebra al interior de nuestro país, capitales de los estados y municipios, sino también en todas las embajadas mexicanas de los países con los que México mantiene relaciones diplomáticas.

    El símbolo de la mayor victoria mexicana 

    Desde hace 95 años el bello monumento a nuestra independencia, localizado en el Paseo de la Reforma -una de las avenidas más grandes y transitadas de la capital- se erige como el símbolo de la ciudad capital. Para conmemorar la independencia del país se construyó el mausoleo de El Angel de la Independencia, el cual fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910 y en donde se encuentran actualmente, distribuidos en cuatro criptas, los cráneos de Don Miguel Hidalgo "El Padre de la Patria", Ignacio Allende, José Mariano Jiménez e Ignacio Aldama, así como los restos de José María Morelos (también sacerdote), Mariano Matamoros y Javier Mina. Allí también se encuentran resguardados los restos de quienes sobrevivieron a 11 años de lucha contra el que fuera el mayor imperio del mundo: Vicente Guerrero (fue jefe de Estado), Guadalupe Victoria (fue el primer presidente de lo que ahora es México), Andrés Quintana Roo y su esposa Leona Vicario.

    Inaugurado poco antes de que se iniciara la Revolución Mexicana, el monumento conmemora a los héroes de la lucha por la independencia y la libertad de los "americanos septentrionales" que habitaban las colonias del Virreinato de la Nueva España, el Virreinato de la Nueva Galicia, la Capitanía General de Guatemala, Nuevo México, Texas y California.

    El símbolo de la Ciudad de México es conocido popularmente como 'El Angel', debido a la Victoria alada -representación de la diosa griega Niké- con que remata su columna, a la manera de monumentos similares en Berlín y Londres. El Angel lleva en las manos, además de una corona, laurel para celebrar el triunfo de los caudillos y el pueblo en la independencia de México, una cadena rota, como símbolo de la liberación de la esclavitud de los antepasados mexicanos y de la colonización de México por España. En la parte sur del monumento se encuentra una lámpara votiva, encendida permanentemente en honor a la memoria de los héroes.

    Es tan significativo este monumento que incluso se ha tornado el símbolo de las grandes victorias deportivas, pero sólo para quienes no lo tienen claro, les recuerdo que la mayor victoria de los mexicanos es ser libres, ningún campeonato de futbol podrá igualar esa victoria, así que hay que cuidar este monumento pues es muy importante lo que simboliza.

    26/07/2005

    Más sobre Coyoacán

    De nueva cuenta quiero hablar sobre el lugar donde me tocó vivir. Coyoacán, al igual que otros antiguos pueblos aledaños a la entonces pequeña Ciudad de México de principios del siglo pasado (Tacuba, Tacubaya, Tlalpan, Mixcoac, San Ángel, Xoco, etc.), fueron perdiendo sus fértiles parcelas mediante una sistemática y desorganizada urbanización, para así unirse a la gran metrópoli que los ha devorado. Lo mismo ha sucedido con los pequeños y pintorescos barrios coyoacanenses, otrora separados por sus productivas huertas y amplios maizales.

    Cada uno de los ocho barrios que conforman Coyoacán tienen importantes templos construidos durante la época colonial, donde todos los años el día del santo patrono se celebran fastuosas fiestas pletóricas de ceremonias religiosas, procesiones, música, danzas, juegos mecánicos, fuegos piroténicos y la indispensable vendimia. Estos encantadores barrios, actualmente unidos por quebradas calles y angostos callejones, son poseedores de interesantes historias y fabulosas leyendas. Podríamos imaginar cómo lucían hace menos de un siglo estos peculiares barrios.

    Empecemos por el barrio de la Concepción con su pequeña plaza de La Conchita y su churrigueresca y bella capilla, vigilada celosamente muy de cerca por la célebre Casa de La Malinche, entre abundantes y límpidos riachuelos nacientes del manantial de Los Camilos, con sus animados lavaderos de ropa, sitio donde proliferaban los ahuehuetes.

    Los barrios de San Lucas y San Mateo, surcados por serpenteantes y cantarinos arroyuelos, con sus tupidos maizales y amplios llanos para la cría de ganado. El de Santa Catarina con su templo dedicado a Santa Catarina Mártir y su pequeña plaza rodeada -como hasta ahora- de conventos y de grandes mansiones. Los de El Niño Jesús y San Francisco con sus tortuosas callejuelas, montados sobre el negro pedregal -ardiente erupción del Xitle- actualmente separados del centro de Coyoacán por la avenida Miguel Ángel de Quevedo, donde lucen las desnudas, provocativas y bañadas esculturas de Gabriel Ponzanelli.

    El pequeño y recóndito barrio de San Antonio con su pequeña y misteriosa capilla de San Antonio Panzacola que perteneció a los frailes carmelitas, situada junto al pintoresco puente de piedra sobre el río Magdalena. Por último, el barrio de Churubusco con su histórico Convento de los Dieguinos, al que llegaba la importante calzada de Iztapalapa. Antes de la época colonial este lugar era una pequeña isla que los indígenas llamaron Teopanzolco, punto donde se juntaban la Laguna de México y el Lago de Xochimilco.

    Muchos de estos barrios están unidos por la antigua Calle Real, llamada después Santa Catarina, posteriormente Benito Juárez y ahora Francisco Sosa; la que empieza en el puente de Panzacola y termina en la actual plaza Hidalgo. Por largo tiempo fue recorrida por un tranvía que comunicaba al barrio de San Ángel con el de Churubusco; el cual era arrastrado primero por mulas y más tarde impulsado eléctricamente. Otra calle principal que une otros barrios coyoacanenses es la de La Higuera, que comunica la plaza Hidalgo con la plaza de La Conchita.

    Describir el atractivo, populoso y colonial barrio de Coyoacán, el lugar más festivo y jovial de la Ciudad de México, no es tarea fácil. Su apacible, poética e inspiradora apariencia durante el transcurso de la semana, hace contraste con el abigarrado ambiente de sábados, domingos y días festivos en su plaza Hidalgo y Centenario.

    Al caminar por el antiguo atrio y camposanto del tempo de San Juan Bautista encontramos al frente una sencilla cruz atrial; a la izquierda una gran estatura del cura Miguel Hidalgo, y en su parte posterior la interesante escultura labrada sobre un tronco de árbol llamada La Familia de Antonio Álvarez Portugal y Josué. A un lado está el quiosco, siempre rodeado de palomas.

    Al cruzar la calle de Carrillo Puerto, que divide el atrio en dos, se encuentra la bullente fuente de Los Coyotes. La plaza está flanqueada al norte por el edificio que alberga la sede delegacional del Distrito Federal (mal llamado Palacio de Cortés, ya que es posterior a la época colonial y nunca vivió allí el conquistador); al sur, por la imponente construcción del templo de San Juan Bautista; al poniente, por los restos de su portada atrial en piedra labrada, justo enfrente de la calle de Francisco Sosa, donde en medio de gran profusión de postes se esconde la interesante fachada de la casa de Diego de Ordaz. Miles de paseantes provenientes de todos los rumbos de la ciudad, ávidos de distracción, se reúnen los fines de semana en esta gran plaza para gozar de su sano ambiente. Para reír con bromistas y atrevidos mimos; para jugar con el simpático Miko; o para aclarar dudas amorosas con “El Pollo”, hábil y meloso quiromántico que compite con “Chispita” y “Estrellita”, amaestrados pajaritos, lejanos parientes de elegantes canarios. También puede ocurrir que nos encontremos con las mecánicas estatuas vivientes; que decidamos escuchar a los narradores orales de la pequeña plaza de Santa Catarina, o simplemente visitar el Mundo Subacuático, y a través de él sumergirnos en lejanos mares y admirar su colorida fauna.

    Nutrida concurrencia hace una rueda para ver y escuchar a los folclóricos y ruidosos grupos que interpretan la vernácula, típica y evocadora música mexicana; la rítmica y aflautada sudamericana; el chispeante y sincopado jazz; los atronadores y emplumados danzantes indígenas; además de los sonoros conciertos que diferentes bandas musicales entonan desde el quiosco. Como lejano fondo a este heterogéneo concierto musical, resuena constante el nostálgico y desafinado organillo callejero, destinado a desaparecer. Mientras el espacio mágico se inunda de agradables ecos, los complacientes padres de familia recorren con tranquilidad el jardín, quienes urgidos por sus pequeños hijos, adquieren los volátiles y multicolores globos, los giradores y mareados rehiletes, el líquido para fabricar iridiscentes burbujas, o los variados atractivos y nostálgicos juguetes de madera y hoja de lata. En estos jardines coyoacanenses también podemos adquirir artesanías; comprar los abalorios de chaquira y las muñequitas de trapo que confeccionan diestras manos indígenas; encontrar, en la librería de la plaza, el libro o el disco más reciente, y observar la asombrosa habilidad de los pintores del spray. Junto a la capilla abierta del antiguo templo dominico-franciscano, se exhiben algunas vistosas pinturas, paisajes que oscilan entre arte y artesanía.

    A muchos visitantes no les molesta formar una fila con tal de poder saborear las deliciosas nieves y helados o las refrescantes aguas -hechas de jugosas frutas de la estación- que se expenden en las cada vez más numerosas neverías. Algunos prefieren comprar el caldocito esquite y los quemados elotes asados o cocidos, aderezados con crema, mayonesa, jugo de limón, queso rallado, chile en polvo y sal. A otros les gustan más las tradicionales gorditas de la Villa, envueltas en colorido papel de china, Las sabrosas alegrías, aglutinadas con miel de abeja y asperjadas con nueces y pasitas; las obleas de harina, con el exquisito sabor que les da miel y las pepitas de calabaza, o los ligeros, multicolores y cada más pequeños algodones de azúcar.

    En Coyoacán hay varios restaurantes y cafeterías para todos los gustos. Unos son medio callejeros, otros se encuentran en antiguas construcciones que han sido remodeladas para tal fin, como el conocido restaurante situado en el lugar que ocupó hace muchos años el histórico cine Centenario. La mayoría de estos sitios son bastante concurridos por intelectuales, turistas nacionales y extranjeros, y por los capitalinos. Abundan las taquerías y torterías, donde se sirven sabrosas y delgadas flautas, gordas tortas compuestas, pambazos enchilados y refrescante tepache. Rebulle, al atardecer, en el arranque de la calle de la Higuera, el mercadito de fritangas con su gran variedad de quesadillas —que no son sólo de queso—, sopes, tostadas, pozoles y tamales; son de admirar los humanoides o animalescos hot cakes que Rogelio diseña artísticamente al gusto del comensal.

    Para aquellos que prefieren tomar un trago y cultivar la amistad, qué mejor que visitar la famosa cantina ubicada en agradable vecindad. Ruidosa, siempre rebosante de parroquianos, donde el Chido -chirriante y anecdótico bolero- hace malabares con las copas para ganarse un merecido trago. En este lugar se dice y se asegura que: “En Coyoacán, todos los Coyotes somos Guadalupanos”.

    03/07/2005

    Alma Mater

    Bueno, benditas vacaciones, después de un agotador semestre, un breve respiro veraniego cae muy bien. Aunque lo cierto es que uno se la pasa genial en C.U., jamás me ha pesado pasar la mayoría del tiempo ahí desde hace ya muchos años.

    Desde 1990 ingresé a la Universidad Nacional Autónoma de México, primero estudié el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel No. 6 "Antonio Caso", luego cursé un año de la ingeniería mecánica y eléctrica en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, posteriormente me gradué de matemático en la Facultad de Ciencias y actualmente estudio la maestría en ciencias matemáticas en el Instituto de Matemáticas. Entonces hablaré un poco de mi alma mater, sobre todo para quienes aún no la conocen.

    La historia de la UNAM, máxima casa de estudios mexicana, se remonta a los años 10, cuando Justo Sierra presentó, primero, la Ley Constitutiva de la Escuela Nacional de Altos Estudios, que formaría parte de la Universidad; después, el proyecto para la fundación de la Universidad Nacional. Después de aprobado el proyecto, tuvo lugar la inauguración solemne de la Universidad Nacional de México. Fueron "madrinas" de la nueva universidad mexicana las de Salamanca, París y Berkeley. La joven universidad vivió sus primeros días en medio del estallido de la Revolución.

    De 1921 data una de las iniciativas vasconcelistas que más ha perdurado: la ley que establece el escudo y el lema de la institución, "Por mi raza hablará el espíritu", junto con la imagen del águila y el cóndor que rodean el mapa que representa a la América Latina, desde la frontera norte de México hasta el Cabo de Hornos. En 1929, la Cámara de Diputados y el Senado facultaron al Ejecutivo para sentar las bases de la autonomía. Entonces se dió a conocer la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma.

    Al ser la UNAM un baluarte del libre pensamiento, se ha visto inmersa en los distintos conflictos ideológicos que ha vivido el país, así que su estructura ha ido transformándose con el paso del tiempo hasta lo que es ahora. Después de que en 1951 se celebró el IV Centenario de la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, en 1952 se inauguró el Estadio Olímpico Universitario, como preámbulo de la entrega formal de la Ciudad Universitaria a la Universidad, en 1954.

    El año de 1968, cuando fue incorporada la Preparatoria Popular, fue particularmente trascendental en la historia universitaria, al estallar la huelga estudiantil y ser ocupada por fuerzas militares, pero eso amerita mención aparte. Igual es el caso del año 1971, cuando fue creado el Colegio de Ciencias y Humanidades, y en el cual hizo su aparición el grupo paramilitar de los halcones para agredir a manifestantes universitarios y politécnicos, además de la presencia de la guerra sucia. Dos conflictos más se presentarían en los años 1986 y 1999, en el segundo yo ya me encontraba estudiando en la Facultad de Ciencias.

    Pero nada ha mellado en el espíritu progresista universitario, ya que por ejemplo, el 5 de septiembre de 1996 la UNAM se convirtió en la tercera institución del mundo que lanza al espacio su propio satélite, con la misión exitosa del UNAMSAT-B, de la cual espero platicar después.

    Imposible sería hablar de todo lo que la universidad es y me ha dado en un breve espacio, entonces ya estaré escribiendo sobre mi paso por la Facultad, el Universum, la DGSCA, etc. También estaré publicando fotos sobre el campus para que todos puedan conocerlo.

    27/06/2005

    Coyoacán

    Toda mi vida he vivido en Coyoacán, también toda mi vida he estudiado aquí. La verdad me gusta mucho el lugar donde me tocó vivir, disfruto mucho recorrer sus calles y conocer cada rincón. Coyoacán es una de las zonas de la ciudad en las que más se puede apreciar el legado colonial en esta urbe, ya que de ser -hasta hace unas décadas- un pueblo localizado a las afueras de la ciudad, hoy se encuentra totalmente inmerso en la misma, pero conservando su carácter tradicional mexicano. Sus bellas plazas, calles y casonas, han atraído a un gran número de artistas a la zona, lo que le ha dado un agradable aire intelectual.

    Aquí también me encuentro rodeado de historia, ya que el origen de Coyoacán data de la época prehispánica, cuando constituía una población localizada entorno a alguno de los lagos que en ese entonces cubrían gran parte del Valle del Anahuac. Coyoacán, es un vocablo derivado de la palabra náhuatl Coyohuacan, que significa 'lugar donde hay coyotes'. Mi pueblo cobró mayor importancia poco después de la caída de la gran Tenochtitlán, ya que mientras la cede del imperio Mexica se reconstruía para dar origen a lo que hoy es el Centro Histórico de la ciudad, en Coyoacán se estableció de manera interina la capital de la Nueva España. Con el paso de los años, Coyoacán se convirtió en un lugar de descanso para las familias más acaudaladas de la época, y no fue hasta bien entrado el siglo XX, cuando Coyoacán dejó su antígua vocación agricola para convertirse en uno de los barrios más típicos de la metrópoli.

    Hay muchos lugares de mi ciudad que me gustan, y procuro recorrerla lo más que puedo, pero no necesito salir de Coyoacán para pasar un buen día, o unas vacaciones completas. Pasear por mi delegación es un deleite, ya que al caminar por sus calles se puede sentir la tranquilidad que todavía conserva esta zona, con sus casas pintadas con colores alegres, sus plazas, parques, centros culturales, centros deportivos, cines, teatros, bares, antros y, por supuesto, sus cafés, en los cuales se discute sobre cultura, arte, política, trivialidades, etc.

    Coyoacán tiene una superficie que equivale al 3.5% del territorio del Distrito Federal y se encuentra a una altura de 2 400 metros sobre el nivel del mar. Sus características topográficas son de terreno plano hacia el norte y hacia el este, donde el suelo es de origen lacustre y estuvo cubierto en otro tiempo por los lagos de Texcoco y Xochimilco; el resto del terreno es ondulado con suelo rocoso por encontrarse en los Pedregales, formados a consecuencia de la erupción del volcán Xitle. El Río Magdalena (casi totalmente entubado) penetra en la demarcación por el sureste, y cerca de los Viveros de Coyoacán se le une el Río Mixcoac (entubado) para juntos formar el Río Churubusco que sirve como límite natural con la delegación Benito Juárez al norte. También en su interior se encuentra el canal Nacional. El clima es propiamente templado con lluvias en verano y principios de otoño, contando con una temperatura media anual de 16.7 °C.

    Un recorrido por Coyoacán debería incluír al Jardín Hidalgo y al Parque Centenario, que son el centro de la zona; ahí se encuentran el antiguo ayuntamiento y la catedral -muestra del esplendor barroco de México-, tambien se encuentran numerosos restaurantes con terrazas al aire libre, tiendas de libros, un acuario, y eso si, muchos cafés con estilos para todos los gustos. En fin, ennumerar todos los atractivos de esta zona sería un tarea imposible, ya que cuenta con miles de posbilidades para todos los gustos y edades.

    En una visita a Coyoacán no se puede dejar de recorrer sus calles y callejones, como la Av. Francisco Sosa y el Callejón del Aguacate. Para llegar al centro y pasear por él, disfrutando de una nieve, un raspado (un diablo o una monja), un chicharrón, un elote o unos esquites. Esquivar al señor que te lee la mano y que te grita "no le saque, no le saque" o a la señora que se te acerca a pedir dinero y que le regales una firma (¿para qué?). Divertirte con el mimo que junta más gente que un mitin político y con los que tocan música latinoamericana o jazz. Justo en la esquina de Cuauhtémoc, y enfrente de los churros rellenos, hay unos árboles que están cubiertos de goma de mascar usada. Dice la leyenda que cuando quieres andar con alguien y lo logras, tienes que ir a pegar tu chicle como tributo al dios del amor (o lo que sea). Es obligatorio pasar por ahí para ir al...

    Café Bizarro, que no es un café en sí, sino un bar chiquito con buena cerveza y que es frecuentado mayormente por roqueros y darketos. Aquí nunca oirás música de Belinda sino que su música se inclina más por los Red Hot Chilli Peppers o a veces Dead Can Dance. Los fresas que quieran tomar cerveza se pueden ir al...

    Mesón del Buen Tunar, que es un bar rústico con bancas de madera y que parece salido de una pesadilla medieval. Hay tres cosas que caracterizan éste lugar: está lleno de gente "nice", siven la cerveza acompañada de unos panecitos con frijoles y queso, y la música es pop o rock de los ochentas. Si tomas mucha cerveza y se te sube a la cabeza puedes ir al local de junto que es el...

    Café "La Selva", que es riquísimo, traído de Chiapas. Cada taza se sirve acompañada de unas galletas deliciosas de café y con granos de café y todo aquí es café, así que para los amantes del café, éste es su lugar ¿ya mencioné la palabra café? porque el café más tradicional de Coyoacán es el café del...

    Jarocho, es pecado ir a Coyoacán y no tomar un café del Jarocho. Hay muchísimas sucursales y todas lo hacen igualito y como tradición adicional tienes que hacer una fila de cinco minutos para poder pedir tu vaso. No hay mucha variedad, pero el Moka es sublime, el Capuchimoka es exclusivo y el Jarocho especial es de conocedores.

    Bueno, ya iré agregando más recomendaciones, por ahora ya pueden venir a pasar un buen rato.

    24/06/2005

    Metztli, la Luna

    El satélite terrestre ha estado siempre ligado a mi pueblo, la Luna, reina de la noche, no pudo pasar desapercibida a los antiguos mexicanos. Su representación en los códices tanto en forma realista como a través de deidades es abundante. El pueblo otomí, del que se dice que cuando llegó al Altiplano Mexicano no tenían ningunos ídolos ni adoraban cosa alguna; sólo miraban al cielo. Como observadores de la Luna, los otomíes erigieron en Metztitlan, que quiere decir 'lugar de la Luna', un importante santuario y la consideraran su deidad principal. La llamaban Madre Vieja ya que era la madre creadora de los otomíes y representaba a la Luna y a la Tierra a la vez. Su consorte, el Padre Viejo, era el dios del fuego. Las crónicas del S. XVI cuentan que los otomíes contaban los meses por las lunas, de luna nueva a luna nueva. Daban a cada mes treinta días.

    Para los Mexicas la Luna, llamada Metztli, era también una deidad importante. Existe la versión de que el pueblo Mexica recibe su nombre precisamente de la Luna ya que su dios tribal principal, Huitzilopochtli, fue identificado con la Luna y hace referencia a uno de los crónistas de la conquista: "Y solo después los llamaron correctamente mexica, ya no los juzgaron comedores de mastuerzo, sólo mexicas mexitin [...]".

    Se cuenta que inicialmente brillaba la Luna de igual manera que el Sol, lo que no pareció adecuado a los dioses y uno de ellos le arrojó un conejo en la cara oscureciéndosela, desde entonces es posible distinguir la figura de un conejo en la superfice lunar. La figura del conejo de la Luna se puede apreciar a simple vista en una noche de Luna llena.

    Se nos dice que el códice Borgia presenta a la Luna frente a la diosa Tlazolteotl, la que era asociada al acto carnal, provocaba la lujuría y la perdonaba, ahí aparece con una nariguera justamente en forma de perfil lunar. Junto a esta diosa se tenía otra que también puede ser identificada como de naturaleza lunar: se trata de Mayaguel, la diosa del maguey y del pulque. La relación proviene seguramente de la leyenda, según la cual un conejo contribuyó al descubrimiento de esa bebida embriagante. Asi, se tiene una fuerte vinculación de la Luna con el pulque y con sus dioses, siendo uno de los principales el dios Ome Tochtli.

    Otra deidad asociada a la luna es Coyolxauhqui, "la ataviada de caracoles", considerada hermana del dios solar Huitzilopochtli, el que al nacer acaba con aquélla y con los llamados centzon huitznahua que representaban a las inumerables estrellas en el cielo nocturno. Obviamente aqui se está describiendo de forma implícita la salida del Sol en el horizonte, cuando el astro rey con su gran resplandor opaca y borra a la Luna y a las estrellas.

    Parece ser que los habitantes de Mesoamérica se ocuparon primero de la observación de la Luna que de la del Sol y desarrollaron una cuenta de la Luna llamada Metztlapohualli. La observación lunar fue además una actividad importante para diversas aplicaciones no solo de tipo caléndaricas sino rituales y hasta prácticas como la siembra y la cosecha.

    Los Mayas fueron quienes lograron las observaciones mas precisas del ciclo lunar. Los sacerdotes mayas podían calcular la posición de la Luna en fechas de un remoto pasado y también hacia el futuro. Es sorprendente que llegaran a tener observaciones tan precisas disponiendo de medios tan rudimentarios de observación. Sin duda, esto fue posible en parte gracias a la motivación espiritual, al escrupuloso cuidado y a la agudeza del ingenio de los conocedores mesoamericanos del cielo.

    Los antiguos mexicas creían que alguna vez la Luna había brillado tanto como el Sol, pero que luego fue castigada. Ésta es la historia que contaban los viejos sobre el nacimiento del Sol y la Luna:

    El nacimiento del Sol y la Luna

     

    Antes de que hubiese día en el mundo, cuando aún era de noche, se juntaron todos los dioses en Teotihuacán, su ciudad, y se sentaron formando un círculo.

    • ¿Quién se encargará de alumbrar al mundo? -preguntaron.

    Entonces Tecuciztécatl, que era muy rico y muy bien vestido, se puso de pie.

    • Yo tomo el cargo de alumbrar el mundo -dijo.

    • ¿Quién ser el otro? -preguntaron los dioses.

    Pero nadie respondió, nadie quería tomar la carga. Uno a uno fueron bajando la cabeza hasta que sólo quedó el último, un dios pobre y feo, lleno de bubas y llagas, que se llamaba Nanahuatzin.

    • Alumbra tú, bubosito -le dijeron.

    • Así será -respondió Nanahuatzin mientras bajaba la cabeza-. Acepto sus órdenes como un gran honor.

    Antes de poder convertirse en soles para alumbrar el mundo, los dos dioses tenían que hacer regalos y ofrendas. Para ello les construyeron dos gigantescos templos en forma de pirámide que aún ahora se pueden ver en Teotihuacán. Cada uno se sentó arriba de su pirámide y estuvo ahí cuatro días, sin comer ni dormir. Tecuciztécatl ofrendó plumas hermosas de color azul y rojo, pelotas de oro y espinas rojas de coral de mar. Nanahuatzin no pudo regalar nada tan hermoso: en vez de plumas ofreció yerbas atadas entre sí, ofrendó pelotas de heno en lugar de pelotas de oro y regaló espinas de maguey pintadas de rojo con su propia sangre. Mientras los dos dioses hacían penitencia, los otros prendieron una inmensa fogata en la cumbre de otro templo.

    Cuando terminó su penitencia, Nanahuatzin y Tecuciztécatl arrojaron al aire las cosas que habían ofrendado y bajaron de sus templos. Poco antes de la medianoche los otros dioses los vistieron para que se arrojaran al fuego. Tecuciztécatl se puso prendas de fina tela y un tocado de plumas; Nanahuatzin iba vestido con un maxtlatl y un tocado de papel. Era el momento esperado. Todos los dioses se sentaron alrededor de la inmensa fogata y Nanahuatzin y Tecuciztécatl se acercaron cada uno por su lado.

    • Tecuciztécatl, brinca tú primero -ordenaron los dioses.

    Tecuciztécatl se aproximó al fuego con paso firme, pero se detuvo cuando vio las inmensas llamas y sintió el calor abrasador. Otra vez volvió a intentarlo, pero tampoco pudo arrojarse a la fogata. Los dioses lo contemplaron en silencio hasta que hizo su cuarto intento. Entonces lo detuvieron.

    • Ningún dios puede hacer más de cuatro intentos. Has perdido. ¡Qué venga Nanahuatzin!

    El buboso caminó rápidamente y se arrojó al fuego sin detenerse un instante. Entonces el fuego comenzó a sonar y rechinar. En cuanto lo vio entrar a las llamas, Tecuciztécatl sintió tanta envidia que corrió tras él y se arrojó a su lado. Detrás de ellos entraron un águila y un tigre. Desde entonces esos animales tienen manchas negras en las plumas y en la piel.

    Después de que Nanahuatzin y Tecuciztécatl se quemaron en el fuego, los dioses se sentaron a esperar que saliera el Sol. Cuando el cielo se iluminó de color rojo, como se ilumina al alba, los dioses se pusieron de rodillas para saludar al nuevo astro. No sabían bien por cuál rumbo había de aparecer. Unos decían que por el Norte, otros por el Sur. Sólo el dios Ehécatl, el Señor del Viento, supo que el Sol debía aparecer por el Este y se arrodilló en esa dirección.

    Cuando salió el Sol, que era Nanahuatzin, se veía muy colorado, parecía que se contoneaba de una parte a la otra. Brillaba tanto que nadie lo podía mirar directamente. Pero poco después apareció la Luna, que era Tecuciztécatl, que brillaba tanto como él y tenía el mismo resplandor rojo.

    Cuando los dioses vieron a los astros juntos dijeron:

    • ¡Oh, dioses! ¿Cómo es esto? ¿Será bien que vayan ambos a la par? ¿Será bien que igualmente alumbren?

    Entonces unode ellos corrió hacia la Luna y le arrojó un conejo. El conejo cayó en la cara de la Luna y apagó su brillo. Por eso la Luna ahora es menos brillante que el Sol y tiene un conejo marcado con todo y sus orejas en el centro de su rostro.

    Los dioses quedaron tranquilos, pues el único Sol debía ser Nanahuatzin, quien se había arrojado primero fuego. Pero ni el Sol ni la Luna se movían, los dos se habían quedado quietos en el Oriente, arriba del horizonte.

    • ¿Cómo podemos vivir? -se preguntaron los dioses. El Sol no se mueve y la Luna tampoco.

    Entonces habló uno de ellos:

    • Debemos morir todos, para hacer que el Sol pueda renacer.

    En ese momento se levantó un viento horrible que mató a todos los dioses. Sólo el dios Xólotl se negó a morir y para escapar al viento se convirtió en mata de maíz pequeña y después en un maguey pequeño y en un pez que tiene pies y que vive en las lagunas, llamado ajolote.

    Dicen los antiguos que ni siquiera con la muerte de los dioses se movió el Sol. Fue Ehécatl, el viento, quien lo hizo moverse, pues fue hasta donde estaba y lo empujó para que anduviese su camino.

    Detrás del Sol comenzó a andar la Luna. Por eso no se mueven juntos, sino que se mueven en distintas direcciones.

    26/03/2005

    En el ombligo de la Luna

    Quiero comentar algunos datos sobre la tierra donde nací y en donde siempre he vivido. Su historia ha marcado mi destino y refleja mucho de lo que soy como persona.

    Soy originario de la Ciudad de México, capital de la República Mexicana. Actualmente, ésta comprende al Distrito Federal y parte del Estado de México. Se encuentra ubicada en el valle del Anáhuac, a 2 235 metros sobre el nivel del mar, y fue fundada en 1325 bajo el nombre de México-Tenochtitlan.

    Según la tradición, la palabra México proviene de tres voces del idioma náhuatl: metztli (Luna), xictli (ombligo o centro) y co (lugar); y significa "en el ombligo de la luna". También se puede leer como "en el centro del lago de la luna", porque el contorno de los antiguos lagos que ocupaban la cuenca de México, se parecía a la figura de un conejo, silueta que forman las manchas lunares vistas desde la Tierra. Y como la gran ciudad de Tenochtitlán estaba en el centro de estos lagos, simbólicamente se ubicaba también en el "ombligo" del conejo de la Luna.

    El Anáhuac se distinguía por una peculiaridad muy especial: Al sur se apreciaba cercado de grandes montañas boscosas como el Ajusco y al norte de imponentes cerros como el Chiquihuite y el de Tres Padres. Ambas fortalezas estaban cerradas en ambos extremos por largos avistamientos nevados, mientras el rebosante Nevado de Toluca lo hacía por el poniente, los majestuosos volcanes Popocatépetl (Montaña que humea) e Iztaccihuatl (Mujer dormida) perpetuaban su grandeza en el extremo oriente.

    La riqueza y extraordinaria belleza natural de esta tierra, sedujo a primera vista a todos aquellos hombres y tribus que lograron divisarla. Este inevitable encanto hipnotizó a los hombres de Ténoch, quienes, provenientes de un lugar mítico situado en tierras del hemisferio norte llamado Aztlán, encontraron en un islote el cumplimiento de su profecía: un águila arriba de un nopal devorando a una serpiente detenía sus cientos de años de largo peregrinar.

    México-Tenochtitlan emergió de un puñado de rocas en la inmensidad de sus grandes lagos, a los que el mexica chinampeó metro a metro hasta convertirla en la reina del Anáhuac y, posteriormente, en la ciudad que albergó el corazón y cerebro del imperio más extenso y poderoso de Mesoamérica. Esta empresa es incomparable en la historia del hombre y evidencia la vocación constructora de los aztecas.

    La elección de este sitio fue excepcional, pues por su aislamiento natural concedía ventajas militares y económicas que revelaron la agudeza de los líderes mexicas para captar su valor estratégico, incluso para el desarrollo de una economía mixta basada en la agricultura, la caza y la pesca; con la posibilidad de comunicarse por el agua.

    Los mexicas crearon el suelo acumulando lodo sobre balsas de juncos, ahondar canales y construir canales y puentes literalmente sobre el agua; a ésta misma no le declararon la guerra, sino que optaron por pactar con ella una tregua en donde finalmente aprendieron a coexistir.

    México-Tenochtitlan llegó a ser una verdadera ciudad, con una densidad superior a los 2 mil habitantes por kilómetro cuadrado; su traza estaba formada por una red geométrica de canales en un cuadrilátero de 3 kilómetros por lado con superficie de casi mil hectáreas. En esa época, Roma ocupaba únicamente 386 hectáreas más.

    Su centro ceremonial alcanzó dimensiones sin precedentes: 325 metros de oriente a poniente y 312 de norte a sur, que comprenden una superficie de más de 100 mil metros cuadrados, la cual, casi duplica la de nuestra actual Plaza de la Constitución, que es una de las mayores del mundo.

    Ahí se edificaban 78 templos y recintos de gobierno y disponía de cuatro accesos cardinales que eran arranques de los ejes viales de la Ciudad, construidos sobre los lagos que comunicaban la isla con tierra firme.