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20/01/2007
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...y nada es promesa entre lo decible que equivale a mentir (todo lo que se puede decir es mentira) el resto es silencio sólo que el silencio no existe
no las palabras no hacen el amor hacen la ausencia si digo agua ¿beberé? si digo pan ¿comeré? en esta noche en este mundo extraordinario silencio el de esta noche lo que pasa con el alma es que no se ve lo que pasa con la mente es que no se ve lo que pasa con el espíritu es que no se ve ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? ninguna palabra es visible
sombras recintos viscosos donde se oculta la piedra de la locura...
Alejandra Pizarnik | 25/09/2006
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Carmina 5
Vivamus mea Lesbia, atque amemus, Rumoresque senum severiorum Omnes unius aestimemus assis. Soles occidere et redire possunt; Nobis cum semel occidit brevis lux, Nox est perpetua una dormienda. Da mi basia mille, deinde centum, Dein mille altera, dein secunda centum, Deinde usque altera mille, deinde centum. Dein, cum milia multa fecerimus, Conturbabimus illa, ne sciamus, Aut nequis malus invidere possit, Cum tantum sciat esse basiorum.
Catulo |
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Poemas 5
Vivamos Lesbia mía, y amemos, y los rumores de los ancianos más severos todos consideremos en un centavo. Los Soles pueden morir y regresar; nosotros, cuando la breve luz caiga, debemos dormir una noche perpetua. Dame mil besos, luego cien, luego otros mil, luego doscientos, luego hasta otros mil, luego cien. Después, cuando hayamos hecho muchos miles, los mezclaremos para que no sepamos, o ningún malo pueda envidiar, cuando sepa cuántos besos fueron.
Catulo | 27/03/2006
Traigo como arena en los ojos un poema inmenso...
El título de uno de los libros de la poeta colombiana Antonieta Villamil, donde incluye un poema hacia aquella hierba abundante que nos rodea y que poco caso le hacemos. Nótese como esta alfombra natural embellece el suelo que de otra forma sería sólo tierra y lodo. Qué placentero es recostarse sobre una suave cama de pasto o caminar descalzo sobre el césped, no cabe duda que habitamos un hermoso planeta.
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Esta es la zaga del pasto.
Aire verde de horizontes internos. Claro de luz en oscuros troncos. Hongo de esporas que caducan erguidas entre la espesa cabellera de una indómita tierra. Cubre este cráneo nutriente. Esponja que absorbe la savia y se peina.
Al viento cierne. Al agua invade.
Hojas de pasto que plantadas crecen velocidad de campos. Extensiones que te acercan a las raíces. Que te ancestran. Los dedos te rozan, oh pasto, alimento de sí mismo.
Lecho de un Orfeo sonámbulo.
Antonieta Villamil | 20/01/2006
La naturaleza del infinito es enigmática e intrigante, y desde Aristóteles ha retado la capacidad del entendimiento humano. Como matemático me resulta un tema apasionante, ahora les comparto parte de un texto del poeta español Federico García Lorca. Ojalá les guste.
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PEQUEÑO POEMA INFINITO (fragmento)
Pero el dos no ha sido nunca un número porque es una angustia y su sombra, porque es la guitarra donde el amor se desespera, porque es la demostración de otro infinito que no es suyo y es las murallas del muerto y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Federico García Lorca | | 12/12/2005
La poesía siempre me ha parecido una necesidad esencial tanto para quien la escribe como para quien la lee. De la poetisa boliviana Krina Soah no puedo decir mucho, sólo que en sus poemas plasma una tristeza y una melancolía bastante recurrente. Juzguen ustedes mismos...
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El tiempo insobornable continúa prostituyéndose a la muerte, continúa avejentándonos sin misericordia, dando a luz nuevas víctimas.
Está ahí silencioso, acechando en todas las esquinas oscuras o claras, en cada reloj de cuerda o arena, en esa soledad infinita de sentirse acompañado, en cada pensamiento que pensamos pensar, en este vacío pleno y total, en cada letra que escribo y que ya se robó un pedazo de eternidad.
Krina Soah | 07/11/2005
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...voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos, mis miradas te cubren como yedra, eres una ciudad que el mar asedia, una muralla que la luz divide en dos mitades de color durazno, un paraje de sal, rocas y pájaros bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos como mi pensamiento vas desnuda, voy por tus ojos como por el agua, los tigres beben sueño de esos ojos, el colibrí se quema en esas llamas, voy por tu frente como por la luna, como la nube por tu pensamiento, voy por tu vientre como por tus sueños...
Octavio Paz | 06/10/2005 Elizabeth Bishop (1911-1979) fue una muy buena poetisa gringa, su obra se caracteriza por un rígido control formal y por una predilección por la descripción de objetos y lugares. Sus poemarios más notables son Norte y sur (1946) y Cuestiones de viaje (1965). No fue una escritora muy prolífica, pero la profundidad de su obra, la calidad y la innovación de la misma la convierten en un importantísimo referente para aquellos que aman la poesía. Ella supo mantener un altísimo nivel de autoexigencia que se tradujo en la creación de una fuerte y especial personalidad poética, en el nacimiento de versos, y en modos de explicar originales y renovadores.
Su obra es un iceberg que corta sus caras desde dentro para aquellos que prefieran tener el iceberg antes que el barco (aunque eso significara el final del viaje). Y es que la poesía de Bishop se construye de reversos y anversos, y habita en los distintos e impensables colores del caleidoscopio, es parte del agua y del aceite. Porque, aunque fue renuente a la exposición de lo emocional, sus versos tienen una fuerte raíz autobiográfica, parten de muchas de sus experiencias personales. Pero lo hacen de una manera tangencial; digamos que armó un texto en el que cortó las piezas al bies y desde el que podía observarse pasar su vida sólo si el lector se colocaba en las diagonales de los caminos.
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UN ARTE
El arte de perder no es muy difícil; tantas cosas contienen el germen de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder las llaves de las puertas, las horas malgastadas. El arte de perder no es muy difícil.
Después intenta perder lejana, rápidamente: lugares, y nombres, y la escala siguiente de tu viaje. Nada de eso será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron la última o la penúltima de mis tres queridas casas. El arte de perder no es muy difícil.
Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso reino que era mío, dos ríos y un continente. Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto que amo) me podré engañar. Es evidente que el arte de perder no es muy difícil, aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.
Elizabeth Bishop | | 30/09/2005
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LA NOCHE QUEDÓ ATRÁS
La noche quedó atrás un nuevo día se asoma en tu horizonte de ventura. En lo que fuera llanto, hay alegría en lo que fue rencor, hoy hay ternura.
Ya eres otro. Bajo el conjuro de la palabra "Amor" te has superado. Todo es más noble en ti. Todo es más puro, porque todo de amor se te ha llenado.
¡Amar y solo amar! Esa es la clave que mueve al universo, a la vida. Lo duro de la senda es más suave si tú puedes decir: "Ama y olvida".
Amar a Dios, a ti, al mundo entero. A los que tú conoces, al extraño, al rico, al poderoso, al pordiosero, al que te da la paz o te hace daño.
¡Tú ya eres otro!, porque has podido arrancar la cadena que te ataba a tu eterno "Imposible", y has sabido trasponer el dolor que te agobiaba.
Llena tu mente de las cosas buenas, de las cosas positivas que construyen y deja en el ayer todas tus penas, las negaciones que todo lo destruyen.
Tu hogar será de dicha, y en los tuyos hallarás el "Por qué" de tu camino. Y todo para ti será de orgullo, y tus hijos tendrán otro destino.
Y tú que eres soltera, buscarás, no al hombre que halague tus sentidos, sino al alma que te comprenda más, porque el alma hace al hombre y no el vestido.
La noche quedó atrás. Un nuevo día se anuncia en el dintel de tu ventana. Ya no dejes que escape tu alegría ni que vuelva el ocaso a tu mañana.
Ya no vivas de ayeres, de lamentos. Ya no suenes tu nota discordante. Piensa siempre en todos tus momentos, ¡que la vida comienza a cada instante!
Víctor Manuel Otero González
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 | 20/08/2005
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YO NO SÉ NADA
Yo no sé nada Tú no sabes nada Ud. no sabe nada Él no sabe nada Ellos no saben nada Ellas no saben nada Uds. no saben nada Nosotros no sabemos nada La desorientación de mi generación tiene su expli- cación en la dirección de nuestra educación, cuya idealización de la acción, era - ¡sin discusión!- una mistificación, en contradicción con nuestra propensión a la me- ditación, a la contemplación y a la masturbación. (Gutural, lo más guturalmente que se pueda.) Creo que creo en lo que creo que no creo. Y creo que no creo en lo que creo que creo «C a n t a r d e l a s r a n as» ¡Y ¡Y ¿A ¿A ¡Y ¡Y su ba llí llá su ba bo jo es es bo jo las las tá? tá? las las es es ¡A ¡A es es ca ca quí cá ca ca le le no no le le ras ras es es ras ras arri aba tá tá arri aba ba!... jo!... !... !... ba!... jo!...
Oliverio Girondo | 03/08/2005
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Te propongo construir un nuevo canal sin esclusas ni excusas que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico.
Mario Benedetti
| 26/07/2005
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Los nervios se me adhieren al barro, a las paredes, abrazan los ramajes, penetran en la tierra, se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos tienen mis propias venas. Cualquier dolor lastima mi carne, mi esqueleto. ¡Las veces que me he muerto al ver matar un toro!
Si diviso una nube debo emprender el vuelo. Si una mujer se acuesta yo me acuesto con ella. Cuántas veces me he dicho: ¿seré yo esa piedra?
Nunca sigo un cadáver sin quedarme a su lado. Cuando ponen un huevo, yo también cacareo. Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
Oliverio Girondo |
 | 22/07/2005
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Yo no sabía que no tenerte podía ser dulce como nombrarte para que vengas aunque no vengas y no haya sino tu ausencia tan dura como el golpe que me di en la cara pensando en vos
Juan Gelman |
 | 15/07/2005
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No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Oliverio Girondo |
25/06/2005 Puedo amar a rubias y a morenas, a la que finge la abundancia y a la que esconde la indigencia; a la que prefiere la soledad, a la que cree y a la que duda; a la que siempre llora con ojos como esponjas, y a la que es corcho seco y nunca llora. Puedo amarla a ella, y a ella, y a ti, y a ti; puedo amar a cualquiera que no sea verdadera.
John Donne

22/06/2005 Hay un modo en que me hagas completamente feliz, amor mío : muérete. Jaime Sabines 
30/05/2005 Una sola palabra que da sentido al universo, una sutil melodía para mis oídos que provoca un torbellino en mi mente. Una palabra que lo explica todo. He aquí un breve poema de Jaime Sabines: Tu nombre Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer. 24/04/2005 El dolor de un amor no correspondido es, tal vez, el más grande de todos. Creo que todos lo habrán experimentado al menos una vez en la vida, y sabrán que el desengaño amoroso llega a opacar toda la belleza del universo, sumiendo en la penumbra los colores del mundo entero. ¿Cómo sonreir? ¿Cómo disfrutar un día más de vida? ¿Cómo seguir adelante sumidos en la más grande soledad? Sin duda, es un golpe del cual es muy difícil reponerse y, generalmente, toma mucho tiempo recuperar la alegría, sin que las heridas sanen nunca del todo. Sin embargo, nunca debe uno permitirse a sí mismo introducirse en el laberinto de la depresión y la desesperación, pues puede traer un desenlace trágico que, sin temor a equivocarme, puedo asegurar que no vale la pena. He aquí un poema escrito, para su amada Rosario, por Manuel Acuña, médico y poeta nacido en la ciudad de Saltillo, Coahuila, el 27 de agosto de 1849. Este gran poeta vivió en una época en que la sociedad mexicana era dominada por una intelectualidad filosófico-positivista, además de una tendencia romántica en la poesía. Manuel Acuña destacó durante su juventud, pero privó a los amantes de la poesía de ver su evolución y comprobar que estaba destinado a ser uno de los grandes de las letras mexicanas. Hijo de Francisco Acuña y Refugio Narro. Recibió de sus padres las primeras letras. Estudia posteriormente en el Colegio Josefino de la ciudad de Saltillo y alrededor de 1865 se trasladó a la México, donde ingresó en calidad de alumno interno al Colegio de San Ildefonso, donde estudia Matemáticas, Latín, Francés y Filosofía. Posteriormente, en enero de 1868 inicia sus estudios en la Escuela de Medicina. Rosario de la Peña fue la mujer que estuvo más íntimamente ligada a sus últimos años, fue el gran amor de su vida y según parece, pesó tanto en su ánimo que mucho tuvo que ver con su trágica muerte. De hecho, el atractivo de esta mujer queda reservado como uno de los misterios de la historia, pues fue ella, la misma Rosario, quien despertó por igual la desesperada pasión de Acuña, el deseo de Flores, la senil adoración de Ramírez y el cariño devoto de Martí. Los extremos poéticos de estos cuatro hombres de letras eran motivo de satisfacción y halago para ella, cuya casa era frecuentemente convertida en tertulia donde cada uno exponía sus nuevos versos, se hablaba y debatía de filosofía o de bibliografía. Manuel Acuña fue un apasionado de Rosario de la Peña. Su inmenso y desenfrenado amor por ella fue la causa, o al menos la razón mejor fundamentada, de que quedara trunca su existencia cuando ya en los círculos intelectuales era reconocido su genio, su calidad como escritor y nadie dudaba de su exitoso futuro. ¿Qué era lo que pasaba por su mente o por su atribulado corazón aquel 6 de diciembre de 1873? Es un secreto que se llevó a la tumba luego de ingerir cianuro de potasio para cortar su existencia. Nocturno a Rosario I ¡Pues bien! yo necesito decirte que te adoro decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto al grito que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión. II Yo quiero que tu sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que ya se han muerto todas las esperanzas mías, que están mis noches negras, tan negras y sombrías, que ya no se ni dónde se alzaba el porvenir. III De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho, y al fin de la jornada las formas de mi madre se pierden en la nada y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer. IV Comprendo que tus besos jamás han de ser míos, comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás, y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos te quiero mucho más. V A veces pienso en darte mi eterna despedida, borrarte en mis recuerdos y hundirte en mi pasión mas si es en vano todo y el alma no te olvida, ¿Qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida? ¿Qué quieres tú que yo haga con este corazón? VI Y luego que ya estaba concluído tu santuario, tu lámpara encendida, tu velo en el altar; el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta alla a lo lejos la puerta del hogar... VII ¡Que hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo, los dos unidos siempre y amandonos los dos; tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos una sola alma, los dos un solo pecho, y en medio de nosotros mi madre como un Dios! VIII ¡Figúrate que hermosas las horas de esa vida! Que dulce y bello el viaje por una tierra asi! Y yo soñaba en eso, mi santa prometida; y al delirar en ello con alma estremecida, pensaba yo en ser bueno por tí, no mas por ti. IX !Bien sabe Dios que ése era mi más hermoso sueño, mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer; bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño, sino en amarte mucho bajo el hogar risueño que me envolvió en sus besos cuando me vió nacer! X Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores se opone el hondo abismo que existe entre los dos, ¡Adiós por la vez última, amor de mis amores; la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós! 16/04/2005 Dedico el siguiente poema de Gustavo Adolfo Bécquer a mi amiga _merlina_a1, quien espero que continúe visitando mi espacio y, a quien le envío un afectuoso saludo. Este poeta romántico, cuyo verdadero nombre era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, en el seno de una familia de nobles flamencos que emigraron a finales del siglo XVI para comerciar, y pronto alcanzaron una próspera situación entre las familias sevillanas oligárquicas. Volverán las obscuras golondrinas... Volverán las obscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres, ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, ¡así no te querrán! 11/04/2005 Y para comenzar bien la semana, dedico a la mujer querida este poema de Mario Benedetti. Te quiero Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos; te quiero porque tus manos trabajan por la justicia. Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice, y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada; te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro. Tu boca que es tuya y mía, Tu boca no se equivoca; te quiero por que tu boca sabe gritar rebeldía. Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Y por tu rostro sincero. Y tu paso vagabundo. Y tu llanto por el mundo. Porque sos pueblo te quiero. Y porque amor no es aurora, ni cándida moraleja, y porque somos pareja que sabe que no está sola. Te quiero en mi paraíso; es decir, que en mi país la gente vive feliz aunque no tenga permiso. Si te quiero es por que sos mi amor, mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. 03/04/2005 Siempre que pienso en mi musa, me viene a la mente algún poema que he leído o escuchado, ojalá algún día pueda yo mismo inspirarme y dedicarle un poema mío, escrito especialmente para ella. Y ya que el año pasado se celebró el centenario del natalicio del escritor chileno Pablo Neruda, nacido en Parral en 1904, he aquí uno de sus poemas, el cual me gusta mucho. Me gustas cuando callas Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
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